Cuando sientes que siempre podrías haberlo hecho mejor, equivocarte te cuesta más de lo que te gustaría o necesitas tener las cosas bajo control para quedarte tranquila, es fácil vivir con la sensación de que nunca terminas de llegar.

Puede que los demás te vean como una persona responsable, constante o muy capaz. Pero por dentro quizá haya mucha presión, miedo a fallar o dificultad para reconocer todo lo que ya haces.

No siempre se trata de querer hacerlo bien. A veces se trata de sentir que no puedes permitirte hacerlo mal.

Así suele mantenerse la autoexigencia

La autoexigencia puede ayudarte a esforzarte y alcanzar objetivos. El problema aparece cuando tu bienestar empieza a depender de cumplir continuamente unas expectativas muy altas.

  1. Aparece una expectativa elevadaSientes que deberías hacerlo bien, llegar a todo o tener la respuesta correcta.
  2. Surge el miedo a equivocarte o no ser suficienteUn error puede sentirse como algo mucho más importante que simplemente haber cometido un error.
  3. Aumentas el esfuerzo y el controlRevisas, anticipas, te preparas más o dedicas más tiempo del necesario para asegurarte de que todo salga bien.
  4. Consigues el objetivo o evitas el errorDurante un momento aparece alivio.
  5. Minimizas lo conseguidoPiensas que era lo mínimo que debías hacer, que cualquiera podría haberlo hecho o empiezas rápidamente a pensar en lo siguiente.
  6. La exigencia aumenta de nuevoEl listón vuelve a subir y el ciclo comienza otra vez.

Con el tiempo, es fácil acostumbrarse tanto a funcionar así que la exigencia empiece a parecer simplemente parte de tu personalidad. Pero ser responsable no debería implicar vivir permanentemente evaluándote.

No se trata de dejar de esforzarte

Trabajar la autoexigencia no significa conformarte, dejar de tener objetivos o empezar a hacer las cosas sin cuidado. Se trata de que tu valor no dependa continuamente de cuánto produces, de hacerlo todo bien o de evitar cualquier error.

También de aprender a diferenciar entre una exigencia que te ayuda a crecer y otra que te mantiene en alerta, te agota o hace que nada termine de sentirse suficiente.

Puedes seguir queriendo hacer las cosas bien sin necesitar hacerlo todo perfectamente.

¿Cómo podemos trabajarlo en terapia?

  • Comprender de dónde viene esa exigenciaExploraremos qué aprendiste sobre equivocarte, rendir, cumplir expectativas o necesitar tener las cosas bajo control.
  • Identificar cómo aparece en tu día a díaPrestaremos atención a los pensamientos, emociones y comportamientos que se activan cuando sientes que tienes que hacerlo bien.
  • Aprender a tolerar el error y la incertidumbrePodremos trabajar para que equivocarte, delegar o no tener todas las respuestas deje de sentirse tan amenazante.
  • Construir una relación contigo menos condicionada por el rendimientoIremos buscando una forma más flexible y sostenible de relacionarte con tus objetivos, tus límites y aquello que esperas de ti.

Siempre a tu ritmo, sin convertir también la terapia en otro lugar en el que tengas que hacerlo todo bien.

No necesitas demostrar constantemente que eres suficiente

Quizá llevas mucho tiempo intentando sentirte tranquila haciendo un poco más, preparándote un poco mejor o evitando cualquier posibilidad de equivocarte.

En terapia podemos empezar a comprender qué sostiene esa necesidad y construir otras formas de sentir seguridad que no dependan únicamente de tenerlo todo bajo control.

Aprender a mirar(te) con otros ojos también puede significar empezar a reconocer tu valor incluso cuando no llegas a todo, dudas o te equivocas.