A veces sabes perfectamente que algo ya pasó.
Entiendes que aquella etapa terminó, que esa relación quedó atrás o que ahora tu situación es diferente. Y, aun así, determinadas situaciones siguen despertando miedo, tensión, bloqueo, necesidad de controlar o dificultad para confiar.
Puede resultar desconcertante sentir que racionalmente lo tienes claro, pero tu cuerpo o tus emociones reaccionan de otra manera.
Comprender que algo terminó no siempre significa que todas las partes de ti hayan aprendido todavía que ahora están a salvo.
Así pueden mantenerse algunas respuestas de protección
Cuando hemos vivido experiencias difíciles, nuestro sistema aprende maneras de anticiparse, protegernos o evitar que volvamos a sentirnos vulnerables. El problema aparece cuando esas respuestas siguen activándose en situaciones actuales que se parecen, de alguna manera, a lo que vivimos entonces.
- Algo del presente activa una señal conocidaPuede ser una situación, una conversación, una sensación corporal, una forma de relacionarse contigo o incluso algo difícil de identificar.
- Tu sistema interpreta que necesita protegerteAunque racionalmente sepas que ahora la situación es diferente.
- Aparecen emociones o respuestas corporales intensasMiedo, tensión, bloqueo, hipervigilancia, necesidad de huir, controlar o desconectar.
- Intentas recuperar seguridadPuedes evitar, alejarte, controlar, complacer, desconectarte o utilizar otras estrategias que en algún momento te ayudaron.
- Aparece alivio a corto plazoLa sensación de amenaza disminuye y tu sistema aprende que esa estrategia te ayudó a protegerte.
- La respuesta se mantieneCuando aparece una situación parecida, tu sistema vuelve a reaccionar de la misma manera.
Esto no significa que estés “atrapada en el pasado” ni que todas tus dificultades actuales tengan que explicarse por lo que has vivido. Significa que algunas experiencias pueden dejar aprendizajes emocionales y corporales que merece la pena comprender con cuidado.
No se trata de olvidar ni de obligarte a pasar página
Trabajar con experiencias del pasado no significa revivirlas continuamente ni buscar recuerdos dolorosos porque sí. Tampoco consiste en convencerte de que “ya pasó” cuando una parte de ti sigue reaccionando.
A veces el proceso empieza por comprender qué se activa en el presente, reconocer las estrategias que desarrollaste para protegerte y construir poco a poco una sensación de seguridad diferente.
Muchas de las respuestas que hoy te generan malestar pudieron tener sentido en otro momento de tu vida. Comprenderlo no implica mantenerlas para siempre. Puede ayudarte a empezar a elegir otras formas de responder cuando ya no necesitas protegerte de la misma manera.
¿Cómo podemos trabajarlo en terapia?
- Comprender qué se activa en el presenteExploraremos qué situaciones generan determinadas emociones, sensaciones o formas de reaccionar.
- Reconocer tus estrategias de protecciónIntentaremos entender qué función cumplen el control, la evitación, la desconexión, la complacencia u otras respuestas que puedan aparecer.
- Construir recursos y seguridadTrabajaremos primero con aquello que necesites para sentirte suficientemente segura y poder regular lo que aparece.
- Abordar tu historia cuando tenga sentidoSi es adecuado para ti y para tu proceso, podremos trabajar con experiencias del pasado utilizando herramientas basadas en la evidencia, incluyendo EMDR cuando esté indicado.
Siempre respetando tu ritmo. No necesitas contar ni trabajar nada para lo que todavía no te sientas preparada.
Tu historia influye en ti, pero no tiene por qué decidir siempre por ti
La terapia no puede cambiar lo que ocurrió. Sí puede ofrecerte un espacio para comprender cómo sigue influyendo en el presente, desarrollar nuevos recursos y empezar a responder desde lo que necesitas ahora, no únicamente desde lo que aprendiste que necesitabas entonces.
Aprender a mirar(te) con otros ojos también puede significar reconocer que algunas de tus reacciones no hablan de debilidad, sino de formas que aprendiste para protegerte.
