A veces, incluso cuando todo parece estar bien, tu mente empieza a imaginar lo que podría salir mal. Repasas conversaciones, anticipas problemas o intentas tener previstas todas las posibilidades.

No es que quieras pensar en negativo. Muchas veces, preocuparte es una forma de intentar sentir seguridad ante la incertidumbre.

El problema aparece cuando pensar deja de ayudarte a resolver algo y se convierte en una búsqueda constante de tranquilidad: «¿Y si pasa esto?», «¿Y si me equivoco?», «¿Y si no sé reaccionar?».

Durante un momento, anticipar puede darte sensación de control. Pero si necesitas hacerlo cada vez que aparece incertidumbre, tu mente puede aprender que solo está segura cuando comprueba, analiza o se prepara para lo peor.

Trabajar la ansiedad no significa obligarte a pensar en positivo ni convencerte de que todo saldrá bien. Se trata de aprender a diferenciar lo que puedes resolver ahora de aquello que tu mente intenta controlar antes de que ocurra.

A veces, aprender a mirar(te) con otros ojos empieza por comprender que esa preocupación probablemente está intentando protegerte, aunque ya no necesites vivir permanentemente en alerta.

Si la preocupación está ocupando demasiado espacio, en terapia podemos comprender qué la activa y encontrar otras formas de relacionarte con ella.